Érase una
vez, unos tipos que no se mueren nunca (a menos que les cortes la cabeza) comenzaron a
pulular por las salas de cine primero, y después por las otras salas, las de estar,
claro. Eran Los Inmortales, comandados por Connor McCloud (Christopher
"Ojo Esquivo" Lambert) peleando a espadazo limpio en el celuloide, con la
inestimable ayuda televisiva de su primo de Zum... Perdón, Duncan (Adrian Paul,
tan mono como en un anuncio de champú). A la hora de intentar averiguar los pormenores de
la saga de los Inmortales, me encontré con descalabros de línea temporal dignos de los
mejores capítulos de arco de Expediente X... Ahora veréis a qué me refiero...
HIGHLANDER 4:
ENDGAME
Con faldas (y espadas) y a lo loco
Virginia García
Las cabezas, ¿ruedan, o
simplemente les dan vueltas?
 Porque es un cierto mareo, la
verdad. Si en la primera película Connor mataba al Kurgan (inolvidable Clancy Brown,
daba un miedo...), y al ser éste el último, "McCloud I" ganaba la mortalidad,
¿Dónde car..ay está Duncan? Y en cuanto al pobre Sean Connery, me encantaría
saber el tipo de pegamento que usaron para su cabeza en la segunda parte (nunca les
perdoné el toque "marciano" de esta secuela). La salida de otro inmortal
encerrado en una cueva en la tercera parte, y al que no habían localizado, me pareció
menos creíble que las idas y venidas de la hermana de cierto agente del FBI con vocación
de caza-etés (de ET, ya sabéis). Al menos la serie resultaba un poco más comprensible
(eso si no la enlazamos ni con las películas ni con la serie de animación, porque
entonces ya la fastidiamos). En la TV conocimos, aparte de a Duncan, al amor de su vida (o
sea, la última), Tessa, y al joven "sidekick" devenido en inmortal,
Ritchie. Incluso descubrí a Roger Daltrey, el cantante del grupo The Who,
que seguía en activo (hay que decir que su interpretación del inmortal Hugh Fitzcairn
era tronchante a veces). Hasta hubo un cierto arco con teoría de la conspiración
incluida: los Vigilantes, que, como su nombre indica, vigilan a los
inmortales y como la mayoría son algo oligofrénicos, suelen decapitarlos en
"defensa propia". Sin embargo, hay Vigilantes buenos, como Joe Dawson (Jim
Byrnes), quien tiene mucha importancia en la trama. Pero no pienso desvelar el
misterio que envuelve al Vigilante en la película... Porque yo quería hablar de Highlander
4, y es que, señoras y señores, había que intentar desembrollar el lío antes de
explicar de qué narices va ésto...
¿Incoherencia narrativa? ¡Una
solución, quiero!
Pues la vamos a tener. Olvidad los últimos
minutos de la primera parte y las dos secuelas por completo: Connor NO es
mortal, NO es alienígena, y desde luego Mario Van Peebles (el
cabronazo del villano de Highlander III) NO existe. Es todo un
alivio..
.
 El mundo esta lleno (yo diría que más que lleno, está
abarrotado) de inmortales, pero no todos tienen como la máxima ilusión de sus
larguísimas vidas ir decapitando por ahí a diestro y siniestro a sus semejantes.
Aquellos que están hartos de violencia, y pasan bastante de la lucha, tienen un lugar
especial y exclusivo para ellos: el Santuario. En ese pacífico lugar (al
menos, al principio) está Connor, retirado voluntariamente desde hace diez años del
"descabezamiento" activo; pero el pacifismo en el Santuario dura poco, porque de
repente aparece por allí un inmortal bastante cabroncete que colecciona la esencia vital
de sus víctimas para hacerse más poderoso (pues yo prefiero coleccionar sellos...), y
empieza a molestar a los pacíficos inmortales, él es Kell (Bruce Payne, más malo
que cuando salía en Pasajero 54). Connor sabe que no va a poder él solito con
semejante elemento, así que tendrá que contar con su viejo (je, je, broma...) primo
Duncan, ¿Será éste el principio del relevo? No me gusta ser cruel, pero el señor Lambert
empieza a no estar para muchos trotes...
Un aviso antes de que nadie vea nada: esta
película pierde algo de coherencia (vale, a lo mejor pierde un poquito más) si no se ha
visto la serie de TV, en ese caso puede resultar algo caótica, con tantos flashbacks,
flashbacks dentro de flashbacks, y sucesivos... Pero eso no es óbice para disfrutar como
enanos de las fantásticas peleas, y por supuesto porque el director, Douglas
Aarniokoski, que nos quiere mucho, nos regala con todo aquello que en la televisión
no se podía mostrar (por que no les dejan): tacos, vísceras y tías en bolas, ¿a
que ahora os apetece más verla?.
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